El canadiense Negreanu lee las manos de los rivales
Si decimos que Daniel Negreanu lee las manos no nos estamos refiriendo a que sea ningún tipo de vidente, y eso que también maneja bien las cartas, las de poker. El canadiense parece ser adivino a la hora de intuir cuál es la jugada de sus rivales en la mesa.
Aunque son muchas las reglas de poker existentes para cada variante, Negreanu tiene una capacidad extraordinaria para rendir al mejor nivel en las modalidades más conocidas de este juego de naipes, en el que resulta vital estimar la mano de los demás integrantes de la mesa.
Son muchos los vídeos disponibles en Internet en los que los aficionados pueden estudiar el estilo de juego y el comportamiento de Negreanu en una mesa de poker. El jugador ha acaparado los titulares de muchas noticias de poker a lo largo de su carrera como profesional, y ello debido a sus excepcionales habilidades para intuir las cartas de sus rivales, una técnica que no es nada fácil y que resulta de vital importancia para jugar a los botes más elevados.
Lo cierto es que la forma en que Negreanu lee las manos es todo un arte. Situar a los rivales en un rango de manos posible permite al jugador elegir qué cartas necesita para ganar, qué jugadas son necesarias. Esta información se posee en todo momento, pero no son muchos los que pueden procesarla y utilizarla para su provecho.
Toda la información que proviene de los rivales es importante: los tics, el tiempo que se toman para decidir, su mirada y la respiración, el tamaño de las apuestas. Si existen tantas noticias Negreanu es porque el jugador sabe reducir el rango de 52 cartas posible a uno mucho inferior, lo que le permite “leer” la jugada de sus rivales.
Pero cuando decimos que Negreanu lee las manos estamos obviando unas habilidades que también forman parte de su aptitud para el juego de poker. Y es que su comportamiento en la mesa no es el del típico jugador inexpresivo, sino el de un “colega”, con auriculares y gafas de sol, y que no para de preguntar a sus rivales sobre su juego para recabar información útil, aunque sea en la forma de un pequeño gesto delator.